Desde el 1 de septiembre ya no se fabricarán estas bombillas, con un alto gasto energético y un fuerte impacto medioambientalEfe 01 de septiembre de 2012

La Unión Europea pulsa este sábado el interruptor para apagar de manera definitiva las bombillas incandescentes, aquellas que Thomas Alva Edison perfeccionó, abriendo la puerta a toda una revolución económica y social.
A partir del 1 de septiembre no se podrán comprar estas bombillas que han pasado a formar parte del imaginario colectivo como el símbolo de tener una idea brillante, pero que suponen un alto gasto energético y tienen un fuerte impacto medioambiental.
«Han tenido una gran importancia, han sido la fuente de luz estable por excelencia en los últimos cien años», ha señalado a Efe Santiago Erice, experto en alumbrado de Philips España.
Gracias a esta primera fuente de luz fiable, la humanidad se independizó del sol y pudo alargar sus jornadas laborales ya caída la noche, lo que supuso un importante incremento de la productividad y un mayor desarrollo.
Las bombillas permitieron instalar sistemas de alumbrado más potentes en las calles que aumentaron la seguridad de los transeúntes y facilitaron el tráfico de vehículos, llevaron la luz a hospitales, bibliotecas, cafés y, por supuesto, a las casas.
Con la aparición de nuevas fuentes de luz, como las bombillas fluorescentes compactas y los halógenos, las incandescentes fueron perdiendo presencia en los espacios públicos, debido a su escasa eficiencia energética: de media, solo un 5 % de su consumo eléctrico se transforma en luz, el resto se convierte en calor.
Solo un 5 % de su consumo eléctrico se transforma en luz
«En España hace 30 años aún se veían pueblos con farolas con incandescentes, incluso había campos de fútbol iluminados con unas bombillas tradicionales inmensas», señala Erice.
Pero es en los hogares donde las incandescentes encontraron su lugar, al convertirse en las bombillas preferidas de las familias que apreciaban los tonos rojizos con que iluminaban sus salones y habitaciones, frente a la frialdad de los halógenos y los fluorescentes.