Una emigrante en Miami que había perdido la memoria al sufrir un accidente es hallada por su familia después de un año gracias a que la enferma cantaba temas del mítico grupo
P. Portabales VdG 23 - 10 - 2004
Sofía Romo no sabía su propio nombre, pero nadie era capaz de cogerla en un desliz con la letra de Galicia terra nosa. La cantaba de pe a pa. Va para un año que esta emigrante gallega en Estados Unidos no se acuerda de casi nada, padece amnesia y su memoria quedó confinada en sótanos misteriosos desde que un desalmado la atracó y pegó cuando paseaba por las calles de Miami.
El pasado de esta noiesa de 62 años fue podado por un ratero sin escrúpulos. Su documentación, sus llaves de casa, el pasaporte y hasta el rimel quedaron en manos del hombre que la embistió y abandonó muy malherida, lo que fue un lío para el personal de la clínica que la sanó de sus heridas. Ni sabían cómo llamarla, ni a dónde enviarle las facturas.
La tarea de ponerle nombre, apellidos y nacionalidad a aquella mujer sin más pasado que el que tenía enfrente se estancó.
Sin habla
Sofía no rompió a hablar de ella en todo el tiempo en que estuvo internada. Sólo acertaba a cantar: Así se enamoraron papa y mama, tirándose chinitas en el portal. Y cosas por el estilo. Ritmos parecidos eran lo único que salían de su boca. Toda su estancia se redujo a melodías de los sesenta y setenta (A Santiago voy ligerito caminando, con mi paragüitas que la lluvia me está mojando...). Eran canciones de los Tamara que Sofía interpretaba a su aire, manejando los dedos como si estuviese dirigiendo una secreta sinfonía.
El resto era un sinsentido, ignorando las peculiaridades de su acento, los remolinos de su lenguaje o las rebeldías de sus andares. Sofía sólo amueblaba la clínica. Pero aquella liturgia musical -un jeroglífico en manos del personal médico- fue lo que la rescató. Fue lo que puso sobre la pista de su pasado.