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MÚSICA variada

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martes, 30 de abril de 2019

El pene que acabó siendo un calamar

Un equívoco hallazgo provocó un sensacional revuelo en el puerto de Carril y alarma en los hospitales de la provincia. 
Cinco meses después, los forenses dictaminaron que aquello era una vulgar puntilla 
serxio gonzález / la voz, 30/04/2019
MARTINA MISER
Sobremesa. Viernes Santo del 2006. Puerto de Carril, en Vilagarcía. El calor y el solete que dominan la jornada invitan a la modorra y al paseo perezoso tras una fenomenal comida en uno de los muchos restaurantes que dan fama a las almejas del lugar. Las terrazas de la plaza de A Liberdade constituyen un magnífico escenario para echar un café y una copa con la isla de Cortegada a la vista. De repente, un tumulto muda la pachorra por frenesí y griterío. El gentío se arremolina en el muelle y de él se alza una voz espeluznante y espeluznada: «Unha pirola; apareceu unha pirola na auga!».

sábado, 11 de febrero de 2017

Rakú, el pequeño japonés invencible

El célebre profesor de la «sensacional lucha jiu-jitsu», de gira por Galicia, arrasa en los teatros. Quinientas pesetas para quien consiga derrotarlo
Á. M. Castiñeira / LA VOZ, 11/02/2017
viernes, 8 de enero de 1909
«Pese á su apariencia menguada, á sus lentes de oro cabalgando sobre la naricilla y á su color enfermizo, es un terrible luchador». Rakú era también una celebridad. Sus combates habían convertido en espectáculo de masas «el difícil ejercicio de destreza que se denomina ‘‘jiu jitsu’’». Lo atestiguaban los telegramas que llegaban desde Madrid: «En el Circo de Parish luchó hoy el japonés Rakú con el inglés Themill [...]. La entrada fué colosal y los precios carísimos».
No extraña que su paso por Galicia fuese un acontecimiento. Hasta se aprovechaba el tirón en campañas publicitarias. «¿Por qué Rakú sin esfuerzo/ á todos vence al instante?/ Porque toma en el almuerzo/ el anís ‘‘Tira pra diante’’», anunciaba en La Voz una marca amiga de los ripios.
En A Coruña, se hizo de rogar. El periódico, en su sección Teatralerías, explicaba: «Dicen que está cansadísimo. Así, pues, no sale á la pista hasta el viernes. Ánimo, y a él, jóvenes atletas». Y llegó el viernes. «Hoy es la cita. Debuta Rakú [...], y habrá un terrible lleno [...]. Acepta para luchar hombres de mayor corpulencia, peso y fuerzas que las por él representadas. El profesor Rakú ofrece un premio de 500 pesetas á la persona que pueda vencerle en quince minutos».

viernes, 6 de marzo de 2015

José Tojeiro: «Me echaron droja en el Cola Cao»

En una entrevista en 1993 en «Código Uno», el programa sobre sucesos presentado por Arturo Pérez Reverte, el gallego, que falleció este miércoles, se convirtió en uno de los personajes del momento.
VdG 6 de marzo de 2015

martes, 3 de septiembre de 2013

La mejor canción de Los Tamara

Una emigrante en Miami que había perdido la memoria al sufrir un accidente es hallada por su familia después de un año gracias a que la enferma cantaba temas del mítico grupo
P. Portabales VdG  23 - 10 - 2004
Sofía Romo no sabía su propio nombre, pero nadie era capaz de cogerla en un desliz con la letra de Galicia terra nosa. La cantaba de pe a pa. Va para un año que esta emigrante gallega en Estados Unidos no se acuerda de casi nada, padece amnesia y su memoria quedó confinada en sótanos misteriosos desde que un desalmado la atracó y pegó cuando paseaba por las calles de Miami.
El pasado de esta noiesa de 62 años fue podado por un ratero sin escrúpulos. Su documentación, sus llaves de casa, el pasaporte y hasta el rimel quedaron en manos del hombre que la embistió y abandonó muy malherida, lo que fue un lío para el personal de la clínica que la sanó de sus heridas. Ni sabían cómo llamarla, ni a dónde enviarle las facturas.
La tarea de ponerle nombre, apellidos y nacionalidad a aquella mujer sin más pasado que el que tenía enfrente se estancó.

Sin habla

Sofía no rompió a hablar de ella en todo el tiempo en que estuvo internada. Sólo acertaba a cantar: Así se enamoraron papa y mama, tirándose chinitas en el portal. Y cosas por el estilo. Ritmos parecidos eran lo único que salían de su boca. Toda su estancia se redujo a melodías de los sesenta y setenta (A Santiago voy ligerito caminando, con mi paragüitas que la lluvia me está mojando...). Eran canciones de los Tamara que Sofía interpretaba a su aire, manejando los dedos como si estuviese dirigiendo una secreta sinfonía.
El resto era un sinsentido, ignorando las peculiaridades de su acento, los remolinos de su lenguaje o las rebeldías de sus andares. Sofía sólo amueblaba la clínica. Pero aquella liturgia musical -un jeroglífico en manos del personal médico- fue lo que la rescató. Fue lo que puso sobre la pista de su pasado.