Después de un tiempo en tratamiento, que oscila entre los dos a los cinco años después de empezar con la levodopa, algunos pacientes con párkinson sufren fluctuaciones motoras o cambios de movilidad, es decir, períodos «on», en los que existe una buena respuesta a la medicación, y de «off» o de aparición de rigidez, temblor y lentitud. Unos síntomas que no siempre es fácil identificar por parte del paciente o incluso explicar al neurólogo en consulta. De esa necesidad nació un monitor holter (dispositivo portátil) que registra estas fluctuaciones, permitiendo un control más específico de la enfermedad. En la Asociación Párkinson Galicia-Coruña disponen de dos, que se van alternando entre pacientes para utilizarlos días antes de sus respectivas consultas de seguimiento en neurología. «Están muy solicitados», comenta Susana Amaro Caamaño, una de las usuarias del mismo que ya lo ha llevado puesto dos veces.
![]() |
| Susana Amaro, paciente de párkinson, posa con Chiara Capra, directora de producto en Sense4Care. / MARCOS MÍGUEZ |
Primeros síntomas
Susana es médica de familia. Aunque no ejerce desde hace unos cuantos años, su pasión por la medicina sigue presente. Especializada en urgencias y atención primaria, trabajó en hospitales de Verín, Vigo y distintos centros de salud de A Coruña. Antes de recibir el diagnóstico de párkinson, estaba atravesando una etapa familiar difícil, por lo que no relacionó sus síntomas con la enfermedad. «Es que eran un poco de todo. Estreñimiento, alteraciones de humor, del ánimo, sudoración... Siempre pensé que tenía una artritis reumatoide», creyó. Hasta que apareció el temblor en una de sus manos y su «típica letra de médico» se hacía cada vez más pequeña.
Cuando la diagnosticaron, a principios de mayo del 2017, tenía 50 años. «Con esa edad nunca piensas que es párkinson. Lo llevé fatal». A finales de ese mismo mes tuvo que dejar su trabajo. «Todavía tenía mucho que hacer a nivel de consulta, pero ya no me acordaba de ciertas cosas. Hubo un día que estaba haciendo una sutura y tuve que decirle a mi compañera que siguiera, porque no podía. En ese momento lo relacioné con estrés, porque estaba pendiente de unos problemas de salud de mi hermano, Pepe. Él falleció justo antes de recibir el diagnóstico», cuenta.














