El ganado vacuno podría ser mucho más inteligente de lo que se creía hasta ahora, según demuestra un estudio de la Universidad de Medicina Veterinaria de Viena publicado en «Current Biology»M.C. /REDACCIÓN, 20 ene 2026
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| Antonio Osuna-Mascaró / Instituto de Investigación Messerli de la Universidad de Veterinaria de Viena | EFE |
Una de las cosas que más suele gustar a una vaca es rascarse. Más que por el placer de darse un masaje, su intención es limpiar la piel y deshacerse del carbonato cálcico que suele mezclarse con el serrín de las camas sobre el que descansan muchas de ellas en la cuadra. No hay ganadero que no lo sepa. Lo que nunca se había visto hasta ahora es que una vaca sea capaz de coger con la boca una escoba para fregar terrazas y manejarla a demanda en función de cuál sea la parte del cuerpo que quiere frotarse. Eso es lo que hace Veronika, una res de trece años que vive en la granja de Austria. Ella es la protagonista de un estudio realizado por Antonio J. Osuna-Mascaró y Alicia MI Auersperg, de la Universidad de Medicina Veterinaria de Viena, publicado en la revista Current Biology. Lo que demuestra el trabajo es que probablemente hasta ahora se haya subestimado la capacidad cognitiva del ganado. Y lo que ocurre es que estos animales domésticos no manejen este tipo de herramientas porque lo habitual es que no las tengan a su alcance. O tal vez Veronika tenga un coeficiente intelectual vacuno muy superior a la media
Aunque para sentar cátedra habría quizá que ampliar el trabajo a una muestra mayor, lo que ha quedado claro con el estudio es que por primera vez se demuestra que otros mamíferos, más allá de los primates, son capaces de manejar herramientas con intención. En este caso aliviar el supuesto picor del lomo o las ubres. Porque dependiendo de qué parte sea, Veronika utiliza las cerdas del cepillo o la parte más dura del mango
Al principio su dueño observó que Veronika utilizaba ramas que recogía en la pradera para rascarse. Lo habitual antes de que las normas de bienestar animal popularizaran los cepillos rascadores de alta gama que se ven en las explotaciones, las vacas se acicalaban en los árboles o en cepillos fijos sujetos en las paredes de las granjas, pero no que los animales echaran mano, o boca, de ramas sueltas para darse un alivio.
Este comportamiento llevó a los científicos a observar también a Veronika y comenzaron a tomar nota. Describieron la técnica de agarre del animal y constataron, entre otras cosas, que era capaz de manipular la herramienta con la boca, usando la lengua para levantarla y posicionarla antes de asegurarla lateralmente entre los incisivos y los molares, creando un agarre estable que permitió un control preciso.
¿Para qué usó el cepillo? Para frotarse la grupa, el lomo, las patas traseras.... Y usó las cerdas para rascarse las zonas del cuerpo en las que la piel es más gorda, mientras que la punta para aquellas donde es más fina. Y los científicos pensaron que, como recoge el estudio, «la selección del extremo de la herramienta por parte de Veronika no puede explicarse por la forma de la escoba ni por la distribución del peso; ella adaptó dinámicamente su técnica a cada región objetivo». Pero es que además dicen que los cambios de agarre que observaron sugieren anticipación a la acción, «características asociadas con el uso innovador de herramientas en primates y córvidos». Ese comportamiento, añaden en el trabajo, solo es «comparable al documentado de forma consistente en chimpancés».

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