C. Andalud/ LA VOZ, 22/09/2018
MIGUEL VILLAR
La historia de Concha Rodríguez y del cerdo Ramiro es de esas que sorprenden. Tanto por la dulzura de ella como por el apego de él. El animal la acompaña a todas partes. Desde hace seis meses son inseparables. Ramiro nació de una cerda que perdió al resto de sus crías y que no pudo cuidarlo. Y Concha lo cogió en sus brazos día y noche, y, cada dos horas, lo fue alimentando con biberón en su casa. «Non ía nin á misa, nin aos enterros, porque non podía. Tiña que coidalo», asegura ella. Ahora Ramiro pesa 80 kilos y pasea por la aldea ourensana de Mirallos, concello de A Peroxa, como si fuera el tercero de los perros con los que cuenta su dueña. Tanto es así que se cree uno de ellos. «Cando era pequeno e o tiña na casa, sacábao para facer pis, non quería que o fixera dentro da casa. E agora crese un can. Ata teño que sacalo para facer pis. É capaz de aguantar e inchar se non damos o paseo». Ramiro no hace sus necesidades ni en la cuadra ni en los alrededores de la vivienda. Así que Concha tiene que sacarlo a pasear por el pueblo para que el animal pueda desahogarse. Estampa que sorprende a más de uno. «Anda con ela para todos lados», dice su hijo Luis, resignado.









