Xosé Carreira / LA VOZ, 31/10/2017
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CARLOS CASTRO |
El escaparate del terror. No es el nombre de una atracción del San Froilán, es el montaje preparado por una tienda lucense de artículos de segunda mano que celebra el día de los muertos convirtiendo una de sus grandes vitrinas en cementerio. Varias tumbas de verdad, un coche fúnebre real, una lápida tallada en cantería y coronas provocan que los transeúntes más asustadizos se alejen con paso rápido. Y lo peor faltaba por llegar. Ayer por la tarde estaban «mecanizando» al «muerto» que estaba en el interior del féretro que transporta el coche funerario para que en pequeños intervalos de tiempo se levantara por la noche encendiendo unas luces en sus ojos.
«El cincuenta por ciento del público está a favor y otro tanto en contra», cuantifica Manuel Alonso, de Megaempeños, un establecimiento ubicado en el barrio de A Milagrosa, en el que puede encontrarse de todo. «Es de un mal gusto increíble», comentó una mujer que ayer por la tarde se topó con el escaparate. El responsable del establecimiento sabía que la podía «liar, porque la creatividad no siempre es bien entendida». Este empresario advierte: «No es una falta de respeto, ni mucho menos. Lo planteamos como algo simpático, sin dramatismo. El escaparate, desde luego, no deja indiferente a nadie. Es un montaje polémico que genera expectación, que era lo que realmente pretendíamos».